Exposición Heroínas

Por: Sandra Reinflet

Panneau de présentation

La serie Heroínas, realizada por la fotógrafa Sandra Reinflet con la Alianza Francesa de Medellín, pone en luz las trayectorias de mujeres que, gracias a su resiliencia, valentía y determinación, son las resistentes de hoy. En su cotidianidad superan montañas de obstáculos para transformar la realidad, para abrir camino a sus hermanas y a sus hijas.

Estas mujeres de todas las edades, con demasiada frecuencia invisibilizadas, lideran proyectos comunitarios, crían hijas e hijos o deciden no tenerlos, defienden sus derechos, estudian, trabajan como artistas, investigadoras o emprendedoras, y se comprometen con la construcción de una sociedad más igualitaria y justa…

A partir de relatos recogidos en talleres de escritura, las participantes fueron retratadas en escenarios simbólicos, metáforas de sus historias. La artista buscó traducir el lugar que ellas ocupan en el paisaje y cómo este paisaje puede revelar una intimidad, a veces más precisa que los detalles de un rostro.

Porque es tiempo de poner a estas mujeres en el centro, de tender puentes entre destinos que todo parece separar, pero que comparten una misma fuerza, aquí se presentan doce heroínas colombianas, entre miles.

© Sandra Reinflet

Carmen

Originaria del municipio de Quibdó, departamento del Chocó, Carmen es maestra y madre de tres hijos. Su esposo murió de manera prematura, por lo que debió asumir con 37 años de edad, la responsabilidad de cuidar de su familia, siendo maestra en una escuela en el municipio de Turbo Antioquia. Durante el conflicto armado, fue víctima de secuestro y posteriormente obligada a desplazarse. Fue así como llegó a Medellín, donde se instaló y comenzó a trabajar por la defensa de los derechos de las víctimas del conflicto armado en Colombia. Actualmente, es Delegada de la Mesa de Participación Efectiva de víctimas por desplazamiento forzado de Medellín. Fundó la “Asociación Afrocolombiana y de Víctimas Yemayá Hinojosa”, desde donde desarrolla numerosos proyectos para visibilizar y valorar la cultura afrocolombiana, específicamente, de la población NARP (Negro, Afro, Raizal y Palenquera), que además de la violencia de la guerra, ha sido víctima del racismo insidioso que persiste en la sociedad colombiana. Además de su labor en la asociación, es cantante de música ancestral, escribe poemas y participa en proyectos de recuperación de la memoria. La búsqueda de justicia es su principal motivación en la vida, a pesar de enfrentar un cáncer al que todavía no le ha dicho su última palabra.

© Sandra Reinflet

Luisa

Procedente de un barrio popular, Luisa siempre tuvo facilidad para el estudio. Sabía leer desde muy pequeña y le encantaba aprender. Sus padres, que no habían ido a la universidad y que muchas veces no tenían lo suficiente para llenar la nevera, al darse cuenta de su curiosidad, la inscribieron en todas las actividades y talleres que pudieron, que le permitiera formarse y estudiar. Luisa estudió arte y comunicación visual, disciplinas en la que posteriormente se convirtió en profesora. Como no olvida de dónde viene y recuerda el sentimiento de ilegitimidad que alguna vez sintió frente a las instituciones culturales, su gran proyecto es hacer que el arte sea accesible para todos. Lleva a cabo proyectos con museos nacionales para permitir el acceso a niños y adultos de barrios populares o de la calle. La gratuidad no basta para atreverse a cruzar la puerta de un lugar que uno no siente como propio, por lo que, Luisa, crea dispositivos que buscan derribar las barreras mentales que pretenden que la belleza está reservada a una élite social.

© Sandra Reinflet

Shaï

Shai viene de Karmata Rúa, una comunidad indígena a cuatro horas de Medellín. Creció con su mamá y su hermana y llegó a Medellín para estudiar comunicación visual. Se unió a la compañía teatral La Rueda Flotante, especializada en espectáculos inclusivos y accesibles para personas con discapacidad. Su sueño es realizar películas para y sobre su comunidad, para que ni su lengua (el chamí) ni su cultura se tumben.

© Sandra Reinflet

Edith

Después de una infancia difícil, Edith salió de la casa de su mamá a los 17 años. Abrir esa primera puerta y volverse independiente tan joven le exigió mucho valor. Pero de eso, a ella no le falta. Madre soltera de tres hijos, Edith asumió la vida sin la ayuda de sus padres y con una energía que despierta admiración. Desde hace 25 años, se encarga del aseo en la Alianza Francesa, que se ha convertido en su casa, como ella misma dice. Ha puesto todos sus esfuerzos en la educación de sus hijos, que son su orgullo. Cuando se le pregunta por su trayectoria, ella solo habla de ellos. Sus dos hijos trabajan, crearon su empresa; la menor de sus hijos estudia en la universidad y es bailarina. Edith no entiende porque eso habría de ser heroico, mientras que todos los que la rodean quedan maravillados ante su tenacidad y su fuerza alegre. Edith se levanta todos los días a las 2:30 de la madrugada para alcanzar a cumplir con las faenas del día a día —y también, porque no, para ver telenovelas que le estimulan a soñar en el amor —al que ella ha renunciado— y donde ver representada la vida de otros, aunque sea de manera ilusoria, le brinda un respiro mayor en su propia existencia

© Sandra Reinflet

Cafeína

Cafeína nació en un barrio popular. Su padre no trabajaba y el ambiente en casa a veces era pesado. La danza fue su válvula de escape, su apertura al mundo. Y luego llegó la capoeira, su gran revelación. Su práctica le abrió las puertas a lo impensable y posible en su vida. Gracias a la capoeira, pudo viajar, aprender portugués y vivir dos años en Brasil, a donde viaja cada año desde el 2009. Gracias a la Capoeira conoció a su compañero, con quien comparte una casa de madera, un refugio ubicado en las alturas de la montaña de Santa Elena. Con él creó una escuela de capoeira en Moravia, el barrio de origen de su madre. Tuvieron una hija, nacida con partera en casa, porque Cafeína confía en su cuerpo. Es por y con él que ha librado —y ganado— todas sus batallas.

© Sandra Reinflet

Martha

Martha dirige desde hace veinte años una empresa de reciclaje. Emplea a un centenar de recicladores que, en su mayoría, viven en la calle en situaciones de gran precariedad. Además del trabajo (muy duro pero esencial) que les ofrece, ha desarrollado, a través de su fundación Recuperambiente un acompañamiento social y psicológico, brinda comida tres veces por semana, así como ropa a estos recicladores habitantes de calle. Desde la muerte de su esposo, a comienzos de este año, Martha gestiona con su equipo de trabajo este proyecto. Ser mujer en un entorno tan masculino es a veces difícil, pero pone su reciente formación en psicología al servicio de aquellas personas, a menudo ignoradas por el resto de la sociedad. A través del trabajo, procura devolverles la dignidad que el consumo de drogas les había arrebatado.

© Sandra Reinflet

Ana Maria

Ana María es actriz, directora escénica y fundadora de la compañía @teatro_encuentro, que crea obras comprometidas con temas que abordan, entre otros, la historia de la violencia y la desaparición de cuerpos de las víctimas de la guerra, que han sido enterrados o arrojados al río Medellín, afluente, que llegó a ser llamado “río-sepultura” que se lleva las pruebas. Hoy en día, aún se encuentran allí víctimas de ajustes de cuentas y de feminicidios. Todos los habitantes han sido afectados, de una u otra manera, por esas tragedias. El agua simboliza a la vez lo que limpia, lo que fluye y el mayor trauma de la ciudad.

En su trabajo, Ana María rinde homenaje a estas personas desaparecidas y a quienes aún son buscadas.

© Sandra Reinflet

Susana

Susana tiene 23 años, estudia Trabajo Social en la Universidad de Antioquia, y desde hace algunos años se dedica al desarrollo comunitario. Con su colectivo Tricilab, organiza múltiples eventos culturales en los barrios populares, especialmente en Moravia. Este barrio, que inicialmente fue el basurero municipal de Medellín, se construyó sobre esos cimientos inestables para transformarlos en una gran riqueza cultural. Es aquí donde, junto con su colectivo, Susana organiza un festival de cine al aire libre, performances, fiestas, laboratorios y juntanza comunitaria. Esta joven con déficit de atención e hiperactividad ha convertido una fragilidad psicológica en una gran fuerza: la de llevar a cabo varios proyectos a la vez para enaltecer los colores de la alegría.

© Sandra Reinflet

Tatiana

Tatiana creció en un entorno donde la libertad no siempre fue una opción. Su infancia y adolescencia tuvieron sombras, como las de tantas mujeres que han enfrentado carencias y violencias dentro del hogar en Colombia. Sin embargo, no siendo esto el centro de su vida ni de su obra, ha sido el punto desde el que decidió moverse con determinación para crear su camino. Tatiana transforma el mundo con sus manos. A través de Matetas, un proyecto donde moldea y pinta piezas en cemento que celebran la diversidad de las tetas, ha construido un lenguaje propio: íntimo, irreverente y profundamente libre. Sus piezas no nacen de la herida, sino de la fuerza. Del deseo de habitar el cuerpo sin culpa, de reivindicar la belleza de lo imperfecto y de jugar con la forma como un acto de autonomía. Matetas es su forma de decir que nuestros cuerpos merecen espacio, luz y respeto; que la desnudez también puede ser ternura y vida.

© Sandra Reinflet

Sara

Los padres de Sara se separaron cuando ella era pequeña y su madre se fue a trabajar a México. Allá conoció a una nueva pareja, violenta, que terminó matándola. Sara tenía doce años cuando su mamá fue víctima de feminicidio. El dolor de la noticia fue tan fuerte que la consumió por dentro. Cada vez que Sara se entera de nuevos casos de violencia contra las mujeres, la herida vuelve a arder. Después de años de depresión, logró levantarse, terminó sus estudios y consiguió un empleo en la Alianza Francesa. Hoy, segura de sí misma y libre de la obligación social de ser madre (ya que este año se practicó su ligadura de trompas), Sara siente que está en un punto de giro. No sabe dónde estará en tres años, pero ahora siente que todo es posible.

© Sandra Reinflet

Santa Ligia

Santa Ligia tiene 70 años. Y desde hace más de 50 años vende flores, plantas y hierbas. Frescas y secas, de esas que se conservan siempre. Se levanta al amanecer y pasa el día de pie, llamando a los transeúntes del mercado. “Hola, amor, ¿qué buscas?” Jamás se cansa de su oficio, que solo dejará cuando sus manos ya no puedan hacer ramos. Ojalá esa hora nunca llegue.

© Sandra Reinflet

Estefania

Estefanía es cantante y diseñadora de moda. En todas sus creaciones, interroga la identidad colombiana. Lejos del folclor, cuestiona el origen del ritmo, la materia, las pulsaciones que nos sostienen.
Con muchos interrogantes y con el alma dispuesta al movimiento y dejar su casa en las montañas de Colombia, para empezar de cero. Es vertiginoso, pero también el inicio de una nueva vida posible. Hoy, Estefanía tiene 32 años, es una mujer independiente y libre de ir a donde quiera. En este caso, a Europa, donde sueña en paralelo desarrollar su universo sonoro y estudiar diseño textil. De aquí en adelante, siempre hacia adelante.